Para empezar con la experiencia "nanomuntanyera" decidimos ir a algún sitio que fuera espectacular y no excesivamente duro: se trata de hacer afición. La elección fue la Sierra Aitana.
El recorrido ideal para esta época del año, en la que aún no hace calor, sería subir desde la Font de Partagat pero, dado que se trataba de la primera vez, decidimos acortar y empezar en la Font de Forata.
Es imprescindible parar en el Trinquet de Bardalet y descubrir sus recovecos rememorando las historias de maquis que me contaba con tanta pasión "Jose Luís de Aitana" cuando cumplía con su papel de cicerone por estos lugares.
La subida entre bloques de piedra para llegar al Pas de la Rabosa tiene su encanto y satisface mucho a los niños. La parada en el tejo y la visión de la Foradà vienen muy bien para tomar aliento y explicar qué es un tejo y cómo se contaba el ganado haciendo pasar a las ovejas una a una por el estrecho paso que ellos mismos están atravesando.
Una vez en las simas es necesario explicar cómo se formaron para empezar a introducirles conceptos prácticos de geología. Está bien que se asomen, siempre con mucha precaución, claro. Se admiran de la verticalidad y profundidad del abismo, por lo que cuando se enteran de que van a bajar destrepando por un acceso trasero, les supone un gran reto y motivación. La visita al interior de la gran sima es perfecta para que comprueben el microclima y la diferencia de vegetación del interior y el exterior.
Antes de iniciar el descenso por la misma ruta hasta el coche hay que calzarse un buen almuerzo sentados en el prado, lugar y momento ideal para conversar sobre la experiencia y mantener viva la llama para la próxima salida.