1 de octubre
de 2011
En los primeros metros del ascenso ya pudimos comprobar que iba a ser un día caluroso,
pero la verdad es que hacía solecito y no había presagio de lluvia, lo que es de agradecer ante lo resbaladizo del
El túnel fue divertido: risas, carreras p’arriba y p’abajo, ¡cuánta energía! Después del túnel otro cartelito de avisos y el primer pasamanos de cuerda que fue abordado sin complicaciones. Sólo Laura, por su corta
edad, necesitó ayuda y estrecha vigilancia a
partir de aquí.
Sin ningún contratiempo y ya con algún síntoma de cansancio y ganas de bocata, tomamos la cumbre. ¿Dónde nos acomodamos para almorzar? Es complicado. Entre la cantidad de gente y la “pintura” de las gaviotas por todo el suelo, no fue fácil encontrar acoplamiento.
Ya recuperados y con el almuerzo en la barriga, el descenso sin problemas y afortunadamente ¡sin resbalones! Una vez en los coches todos determinamos por unanimidad que la próxima sería, como no, lo antes posible.

